Extraido de la revista “EL Semanal”
Que uno de los economistas más sagaces del mundo reconozca sin tapujos que él tampoco vio venir la crisis dice mucho de Sir Howard Davies, director de la London School of Economics. Acaba de publicar Regulación financiera mundial (Paidós), donde propone reformas para que el desastre no vuelva a repetirse.

A sus 58 años, Sir Howard Davies tiene una buena percha. Delgado y fibroso de jugar al cricket, tez colorada y traje cortado a medida por un sastre de Saville Road. Educado en Oxford y tan british que parece un personaje de novela de Graham Greene. Dirige la universidad de Ciencias Sociales más prestigiosa de Europa, fue peso pesado del Banco de Inglaterra y de la FSA, la autoridad de servicios financieros encargada de vigilar que en la City no hagan trampas. Está casado y tiene dos hijos. Nos recibe en la sede del Centro de Internacional de Estudios Económicos y Sociales (CIEES) en Madrid, frente a una maqueta de la sucursal que la London School of Economics inaugurará en 2011 en Majadahonda. Se lo ve ilusionado con el proyecto.
XLSemanal. ¿En qué punto de la crisis estamos?
Howard Davies. Creo que lo peor ha pasado, al menos para los mercados financieros. Meses atrás hubo un pánico porque nadie sabía hasta dónde llegarían las pérdidas. Los gobiernos han inyectado mucho dinero en los bancos para evitar las quiebras. El miedo a que fuésemos a nuestro banco y nos encontrásemos con un cartel de «cerrado, no hay fondos» se ha disipado. Pero no creo que la recuperación sea rápida, porque la magnitud de las pérdidas es muy grande y las consecuencias para los gobiernos, en términos de déficit, enormes. La economía puede haber tocado fondo, pero seguirá dando tumbos durante un tiempo.
XL. ¿Cuánto tiempo?
H.D. Por lo menos durante todo este año y la primera mitad de 2010. Y mientras la economía esté así, el desempleo seguirá aumentando. Así que para las entidades financieras lo peor ya pasó; pero para la gente corriente quedan muchas penalidades todavía. En España seguirá aumentando el paro por lo menos durante un par de años más.
XL. ¿Por qué ese divorcio entre la economía financiera y la economía real?
H.D. La alta creatividad en el sector financiero ha propiciado productos de inversión destinados a generar beneficios. Para las empresas, la necesidad de atraer clientes, de vender sus productos, se convirtió en secundaria en comparación con la rentabilidad de estos productos. Lo que estamos viendo ahora es un regreso del sector financiero a sus orígenes.
XL. Un oscuro problema colateral como el de las hipotecas basura se gangrena hasta convertirse en una crisis global. ¿Cómo es posible que nadie lo viese venir? ¿Usted lo vio venir?
H.D. No, no a esta escala. En absoluto. Algunos creíamos que los precios de las viviendas estaban muy altos y que habría una corrección. Pero no era algo generalizado. Por ejemplo, en España habían aumentado un 130 por ciento, mientras que en Alemania se mantenían estables. Además, los desequilibrios comerciales de China con Estados Unidos y Europa no podrían continuar. Pero nunca creímos que esto sucedería tan rápido. Pensábamos que sería un ajuste gradual, no una hecatombe.
XL. ¿Por qué ha sido tan brutal?
H.D. La razón principal es que la política monetaria era demasiado permisiva. La Reserva Federal estadounidense rebajó la tasa de interés a principios de siglo para prevenir que la crisis de las empresas puntocom se convirtiese en una recesión general. Pero mantuvo el interés muy bajo durante demasiado tiempo y creó las condiciones para una liquidez masiva. Había un montón de dinero circulando por el mundo buscando más beneficios y acabó en fondos de inversión muy arriesgados. Y el sistema regulador no paró esto.
XL. Así que los supervisores financieros y bursátiles no hicieron su trabajo.
H.D. Sólo se los puede culpar en parte, porque la regulación no es tan poderosa como la política financiera. La regulación es como poner guardias tumbados en las carreteras para disminuir la velocidad del tráfico, pero la política financiera invitaba a pisar el acelerador.
XL. Tengo la impresión de que en los mercados financieros pasa algo parecido al doping en el deporte, los tramposos siempre van un paso por delante de los laboratorios que tienen que detectar las sustancias prohibidas.
H.D. Sí, es verdad. Y es inevitable. Los supervisores no están tan bien pagados como la gente que trabaja en los bancos de inversión [sonríe].
XL. Pero en el caso Madoff las autoridades de la Bolsa demostraron tener una miopía de muchas dioptrías para no ver un burdo timo piramidal.
H.D. Sí, el caso Madoff no era nada complejo. Era muy simple: coger el dinero de inversores para pagar a otros inversores, así que me parece extraordinario que no lo detectasen.
XL. Usted propone en su libro varias reformas del sistema de regulación mundial. Dígame una imprescindible.
H.D. Una autoridad central debería regular y coordinar las actividades de los reguladores en distintos países. Su ausencia es un gran vacío. Le daría estabilidad al sistema. Es una recomendación importantísima que ha hecho suya el G-20.
XL. ¿Qué piensa de la actuación de Obama?
H.D. Ha sido eficaz como bombero. Reunir el dinero para los bancos e impedir su bancarrota fue muy efectivo, pero los progresos han sido menores a la hora de reformar el sistema. Y créame que es caótico.
XL. ¿Qué piensa de los bancos que han utilizado parte de las ayudas de los gobiernos para pagar dividendos a sus accionistas?
H.D. No está permitido que hagan eso. No tienen derecho a utilizar ese capital para pagar a sus accionistas. Lo que pasa es que algunos bancos consideran que deben pagar dividendos si quieren seguir atrayendo inversores.
XL. Hábleme del caso español, ¿por qué está pegando tan duro aquí la crisis?
H.D. España es un caso interesante. Paradójicamente, la crisis no ha golpeado tan fuerte a España. Me refiero a los grandes bancos españoles, como BBVA o Santander, que están muy bien capitalizados, en parte gracias a las exigencias del Banco de España, que ahora son consideradas un modelo en muchos países del mundo.
XL. Pues los bancos han cortado el grifo de los créditos…
H.D. Cuando la crisis comenzó, los bancos españoles estaban en mejor forma que los británicos o los norteamericanos. La dificultad en España está en la estructura de su economía, que depende muchísimo de la construcción. Su porcentaje en el PIB es tres veces mayor que en el Reino Unido. El problema es que la construcción es muy volátil y, cuando cae, el frenazo es muy brusco. La actividad se contrae muy rápido y contagia a otros sectores. Si añadimos que el turismo es un extra y que si, por ejemplo, los ingleses andan cortos de dinero no se van de vacaciones, vemos que España es muy vulnerable. En el futuro, la economía española debe re-
equilibrarse y encontrar modos de hacerse más fuerte sin depender tanto de la construcción y el turismo. Lo hará, pero va a ser una transición muy dolorosa.
XL. ¿La crisis será en España más duradera y grave que en el resto de la Unión Europea?
H.D. El desempleo será mayor aquí. La construcción demanda mucho empleo y, cuando se frena, mucha gente se va a la calle.
XL. ¿Y cómo se recicla a toda esta gente?
H.D. Es muy difícil. Muchos emigrantes volverán a sus países, sobre todo los del Este de Europa. Ya están volviendo. Pero los gobiernos tienen que invertir más en educación. La única forma de que las economías de los países ricos, y España lo es, sobrevivan en un mundo tan competitivo, es mimar la educación superior. Los países ganadores y perdedores se decidirán en función de lo mucho o poco que se preocupen de sus universidades.
XL. O sea, que toca estudiar.
H.D. Sí, absolutamente. La demanda en la London School of Economics ha aumentado un 20 por ciento este año y el doble la de estudiantes chinos. El 70 por ciento de nuestros estudiantes son extranjeros.
XL. ¿Y cómo les explica a sus estudiantes: «Muchachos, teníamos estas burbujas tan peligrosas y no supimos detectarlas ni prevenir su estallido»? ¿No siente que ha sido un fracaso profesional?
H.D. Hay un fuerte debate en nuestro centro sobre por qué hemos fallado, por qué no lo hicimos mejor a la hora de entender y pronosticar la crisis. Sí, estamos debatiendo sobre los fallos de la profesión de economista, que ha estado demasidado enfocada en el crecimiento y no tanto en la estabilidad. Creo que tenemos un historial algo mejor que el de otros centros. Hace dos años y medio, justo antes de la crisis, advertimos de las disfunciones del mercado de capitales. Uno de nuestros profesores argumentaba que los mercados se estaban equivocando y no tenían en cuenta los riesgos. Pero también estamos debatiendo por qué los medios de comunicación no lo hicieron mejor. Los periódicos económicos hablaban en términos eufóricos sobre el mercado inmobiliario, las oportunidades de inversión. ¡Animaban a la gente a comprar casas! ¿Dónde estaban entonces los periodistas escépticos? ¿Dónde había gente que dijese: «Venga, por favor, esto es demasiado bueno para durar»? Deberíamos hacer todos examen de conciencia.
XL. ¿La economía mundial tiene un componente pandémico, como las gripes?
H.D. Sí, es muy interesante. Ésta es la primera crisis global que afecta a todo el mundo.
XL. ¿No lo fue la de 1929?
H.D. No, había muchos países que estaban muy desconectados de lo que pasaba en la Bolsa estadounidense. Esta crisis es completamenne global.Prácticamente ningún lugar del mundo se salva, incluso en el Golfo.
XL. ¿Es peor que la de 1929?
H.D. En el sentido de que afecta a muchos países, sí. Pero no habrá depresión, gracias a que los gobiernos aprendieron la lección del 29 y actuaron rápido para evitar el colapso de los bancos.
XL. ¿Qué papel ha jugado la avaricia en todo esto?
H.D. Estoy seguro de que está ahí. Pero seamos sinceros, la mayoría de la gente quiere ser más rica. Es una ambición bastante asumida. ¿Avaricia? Sí. Pero lo más pernicioso fue que el mercado permitió a la gente hacerse la ilusión de que la máquina podía generar beneficios cada vez más grandes eternamente.
XL. ¿Fue más bien una cuestión de ingenuidad?
H.D. Creo que sí.
XL. Si nos fijamos en los sueldos millonarios de los ejecutivos que han hundido a sus empresas, o en el reciente escándalo de la cuentas de gastos de los parlamentarios británicos, ¿no le parece que debería haber una refundación ética del sistema?
H.D. Sería interesante. Lo curioso es que, en determinados círculos, un grupo de gente se convence a sí misma de que su comportamiento es aceptable. Pero cuando otra gente lo ve desde fuera, se monta el escándalo, claro.
Carlos Manuel Sánchez